Furtivos, turistas y trampas acechan a los osos pardos del Cantábrico
10.000 imágenes captadas en una década revelan la vida de plantígrados
MADRID.- Furtivos paseándose por zonas protegidas con la escopeta en
ristre, oseznos escuálidos por la falta de carne de carroña para comer,
corpulentos ejemplares de plantígrados mutilados o con marcas de lazos
de acero en el cuerpo. El seguimiento fotográfico realizado por el
Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS)
ha revelado muchos de los misterios de la vida de los osos pardos
(Ursus arctos) de la Cordillera Cantábrica y, lo más inquietante,
también los peligros que los acechan.
Después de 10 años de batidas por el monte, y con más de 10.000
instantáneas 'cazadas' por las cámaras bajo el camuflaje de un árbol o
unas hojas secas, los retratos de estos portentosos mamíferos han
ayudado a conocer dónde desarrollan los celos, el estado de salud de
las hembras y el índice de supervivencia de sus crías o qué otros
animales salvajes comparten el mismo entorno.
Clara Casanova, técnica del FAPAS, reconoce que este material gráfico
ha sido de gran ayuda para identificar y poner cara a los ejemplares de
las dos poblaciones existentes en la zona: la occidental, con un
centenar de miembros, y la oriental, con una treintena.
A veces, por una mancha en la piel o una huella. En otras ocasiones,
gracias a análisis del ADN de pelos que aparecen en el mismo lugar de
las fotos y el mismo día.
"Con este proyecto comprobamos que ni el furtivismo ni los lazos están
erradicados, aunque son ilegales. Algunos de estos lazos son para
jabalíes, pero el oso cae también en la trampa, como también se
envenenan con productos destinados a otros. Las fotos han servido para
que se intensifique la vigilancia en la zona", asegura.
Tristes son también las de crías famélicas por falta de alimento.
Casanova explica que "desde que en 2002 se prohibió dejar los animales
muertos en muladares, por el tema de las 'vacas locas', los osos se han
quedado sin comida porque son más carroñeros que cazadores. De hecho
desde entonces han aumentado un 300% los ataques a colmenas".
Por ello, recuerda, desde su organización se defiende una excepción a
la Ley sanitaria. "Va contra la conservación de especies amenazadas,
que se defiende en otras normativas", apunta.
Hasta el 28 de marzo, La Casa Encendida de Madrid expone 30 de las
imágenes más impactantes captadas por las 24 cámaras escondidas entre
la maleza del Parque Natural de Somiedo, Belmonte y el Valle de Proaza.
También se ha grabado un documental sobre el desarrollo del trabajo.
Sistemas de seguimiento
Tres son los sistemas automáticos que FAPAS ha puesto en marcha,
gracias al apoyo de la Obra Social Caja Madrid: las cámaras que se
disparan al pisar un pedal, que se esconden cerca de árboles donde los
osos van a rascarse, las que llevan sensores de movimiento, que
funcionan a su paso; y las cámaras con infrarrojos, que se sitúan junto
a carroña dejada en los senderos.
Como no son digitales, cada 15 días hay que pasar a cambiar el carrete.
"Las digitales tienen demasiado retardo al disparar o son demasiado
caras. Además, algunas nos las quitan", denuncia Casanova. Pese a ello,
el objetivo final, con la ayuda de la Obra Social, es terminar
digitalizando todas.
Pero además de pillar a furtivos o a excursionistas que se cuelan en
zonas protegidas –y se pasean por zonas de reproducción o
alimentación–, el proyecto ha servido para conocer que las osas se
quedan durante años en la misma zona, para comprobar cómo ha crecido la
población de jabalíes en la última década o para averiguar cómo se va
extendiendo el territorio ocupado por los machos, pese a
infraestructuras que entorpecen su camino. "Obras como la estación de
esquí de San Glorio les afectan mucho porque tienen menos espacio para
moverse", concluye Casanova.
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/0...204655415.html