A pesar de que un alimento mínimamente procesado se asocia a la idea de
producto fresco, saludable y seguro debe tenerse en cuenta que también
puede estar contaminado
27 de junio de 2007 | Bibliografía
JOSÉ JUAN RODRÍGUEZ JEREZ
MARTHA CATALINA RODRÍGUEZ MONTOYA
La demanda actual de productos frescos y fáciles de preparar, en
especial frutas y verduras, ha traído consigo un aumento en el mercado
de productos mínimamente procesados. Esta tendencia responde a la idea
generalizada de que los vegetales son alimentos saludables, y a que
cuanto más fresco es mejores condiciones de calidad y seguridad pueden
encontrarse. Si a todo ello se le une que el precio es asequible, se
entiende que el consumo sea cada vez mayor. Sin embargo, debe tenerse
en cuenta que se trata de alimentos crudos, lo que obliga a extremar
las buenas condiciones de manipulación y de aplicar otras técnicas que
permitan cierta inactivación microbiana, como el uso de agua tratada o
la aplicación de productos químicos esterilizantes compatibles con el
producto y con la salud, como el hipoclorito o ácidos orgánicos.
Pese a la evidencia del crecimiento en la demanda de productos frescos,
el consumidor medio no se para a considerar criterios de seguridad de
los alimentos que consume. Más bien el criterio habitual es el de la
calidad y el precio, así como la información que le va llegando de la
necesidad de consumir alimentos saludables. El que un alimento sea o no
seguro no se aprecia directamente por los sentidos, lo que implica que
los alimentos sean controlados de forma específica para los peligros
habituales.
Los alimentos mínimamente procesados son frescos y, por tanto, crudos.
Eso implica que los riesgos para la salud pueden ser superiores a los
de los alimentos que han sido tratados con cualquier proceso
tecnológico. Por ello, pueden transmitirse microorganismos patógenos
más comunes, entre ellos, Listeria monocytogenes, Escherichia coli
O157: H7 o la bien conocida salmonela.
Productos mínimamente procesados
Estos productos son procesados y preparados en un tiempo mínimo antes
de su consumo. El proceso incluye la selección, lavado, pelado,
cortado, tratamiento térmico si es necesario y envasado. Sin embargo,
estas operaciones no aseguran la ausencia de microorganismos o la
estabilidad a largo plazo del producto; por lo tanto, los productos
mínimamente procesados deben ser almacenados en refrigeración. El agua
de riego, el suelo y los fertilizantes orgánicos son algunas de las
fuentes posibles de la contaminación en los campos. La estacionalidad
también influye en la microflora presente en el producto. La
contaminación también puede ocurrir durante cosecha, transporte, el
proceso, o el almacenaje.
Los microorganismos que están adheridos a la superficie de los
vegetales frescos, recién cosechados, son principalmente saprofitos
gram-negativos. Sin embargo, también pueden encontrarse algunos
microorganismos patógenos humanos, y también los vegetales de hojas
verdes que están en contacto con el suelo pueden proteger bacterias más
o menos sensibles al medio ambiente. Estos microorganismos pueden
sobrevivir a los pasos de lavado y esterilización porque forman
biofilms en la superficie del vegetal o porque están protegidos por su
cutícula.
El proceso de cortado hace que los vegetales sean más susceptibles al
deterioro químico y microbiológico debido a que durante este proceso
las células son destruidas y se liberan exudados ricos en minerales,
azúcares, vitaminas, y otros compuestos. Estos nutrientes pueden
permitir el crecimiento de los microorganismos que han sobrevivido al
procesado. La prolongación de la vida útil de los vegetales mínimamente
procesados empaquetados en atmósferas modificadas limita el crecimiento
de algunos microorganismos. Sin embargo, esta tecnología puede crear
las condiciones que apropiadas para el lento crecimiento de bacterias
patógenas tales como L. monocytogenes y algunas enterobacterias como
Escherichia coli.
Alimentos contaminados
El criterio general es que un alimento mínimamente procesado es un
alimento fresco saludable y seguro. Aún más si se trata de un alimento
vegetal. Diversos estudios ponen manifiesto que se trata de alimentos
con una contaminación media con un cierto riesgo para la salud. Así, de
las muestras analizadas más del 70% están contaminadas con
microorganismos de origen fecal, aunque la mayor parte de la microbiota
suele estar dominada por microorganismos psicrotrofos, es decir,
aquellos que pueden crecer a temperatura ambiente y a temperaturas de
refrigeración altas. Además, en estos productos es frecuente detectar
la presencia de patógenos como salmonela o listeria.
A la hora de establecer criterios microbiológicos para diferentes
alimentos, uno de los primeros parámetros es el de las bacterias
indicadoras de contaminación fecal. El objetivo es claro: estimar el
nivel de higiene y prever la posible presencia de microorganismos
patógenos. Por ello, un grupo interesante es el de los coliformes
fecales, especialmente si el nivel de contaminación es superior a 100
ufc/g de producto. En este tipo de alimentos, las muestras que superan
este límite es del 73%, mientras que Salmonella se puede detectar en el
3% de las mismas y Listeria monocytogenes en menos del 1%. Los
resultados indican que las ensaladas de vegetales mínimamente
procesadas tienen una pobre calidad microbiológica, y que estos
productos podrían ser un vehículo de patógenos.
IRRADIACIÓN, ¿LA SOLUCIÓN?
La mayor inquietud de este tipo de alimentos se asocia con el consumo.
Son alimentos que se consumen crudos, sin ningún tratamiento, por lo
que no es esperable que el cocinado pueda ser recomendable como
tratamiento de higienización. Por esta razón, se debe tener especial
cuidado en el cultivo y durante su procesamiento para asegurar la
máxima eliminación bacteriana y la ausencia de patógenos. Se impone
prevenir la contaminación cruzada y el crecimiento bacteriano durante
la producción y el almacenamiento y se deben seguir las buenas
prácticas de higiene en el continuo procesamiento de los vegetales
mínimamente procesados desde su cultivo hasta la mesa. La calidad de la
materia prima, la elección de los productos empleados para lavar y/o
esterilizar, el tipo de envasado y el control de la temperatura durante
almacenamiento y la distribución van a ser determinantes en la calidad
y seguridad finales.
Por ello, hay investigadores que proponen la irradiación de estos
alimentos como una solución a la contaminación. La irradiación es un
tratamiento similar a la aplicación del calor, sólo que en vez de
aplicar energía en forma de calor, lo hace mediante radiaciones
ionizantes. Es importante destacar que al aplicar radiación gamma, no
se aplican partículas, sino sólo energía, por lo que los alimentos no
se vuelven radiactivos. Pero esta tecnología es una solución a priori
pero que no está claro que funcione en condiciones reales. Los motivos
son varios. El primero, el precio del tratamiento, ya que se considera
caro y con unas condiciones muy especiales de aplicación, lo que
implica que el precio del producto puede aumentar de una forma muy
significativa. El segundo es que a menor nivel de contaminación, puede
ser necesario un tratamiento mayor, con la finalidad de poder destruir
todos los microorganismos presentes. Si no se hace así, se elimina más
la microbiota de alteración que los patógenos, por lo que le riesgo se
incrementa. Y en tercer lugar, los consumidores no aceptan bien este
tratamiento.
Por todo ello, si sumamos un tratamiento rechazado por los
consumidores, más caro y con una eficacia real que hay que demostrar
con el tiempo, se vuelve un tratamiento de dudosa aplicación.
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