Dos sucesos relacionados con la energía nuclear reabren el debate sobre su peligrosidad. La reciente fuga en la Central Nuclear de Ascó ya ha tenido consecuencias: el director de la central y el jefe de protección de la planta han sido destituidos. Su cese se produce tras haberse conocido que la central tuvo una fuga el 26 de noviembre pero no fue notificada al Consejo de Seguridad Nuclear hasta el pasado lunes. Unas mil personas entre trabajadores y visitantes de la central han tenido que ser sometidos a exámenes para comprobar si fueron contaminados por el escape.
Pero sólo unos días después, la central nuclear de Trillo (Guadalajara) ha sufrido un nuevo altercado, la pérdida de un tornillo de sujeción de la barra de control que se averió. El tornillo ha caído a la zona más radiactiva de la central y se está buscando con un robot.
Ambos incidentes ejemplifican cómo la búsqueda de la máxima rentabilidad provoca graves problemas de seguridad nuclear. El secretismo y el ocultismo es otro factor común entre lo sucedido en Ascó y en Trillo. Los propietarios de las centrales están más preocupados porque los sucesos no salgan a la luz que por la seguridad de las instalaciones. Sin duda, este comportamiento es un factor de riesgo importante de las centrales nucleares.