Sirviendo el abuso: promocionado alimentos derivados de animalesArtículo original de Joan Dunayer publicado en la revista Satya.
Traducido por Igualdad Animal. Se permite la reproducción de esta traducción siempre que se indique la autoría.
Enlace al artículo:
http://www.igualdadanimal.org/articulos/sirviendo-el-abuso-promocionando-alimentos-derivados-de-animales-joan-dunayerEn
Febrero de 2006 la Sociedad Humanitaria de Estados Unidos pidió
públicamente a la Casa Blanca que "utilizasen huevos camperos en vez de
los abusivos huevos de jaulas de batería" para su panecillo de Semana
Santa anual. La mayoría de lectores encontrarán, espero, que la
petición es tan tonta como moralmente sesgada. Los huevos camperos
también son productos del abuso. Los huevos artificales podrían
emplearse fácilmente. De forma menos obvia quizás, pedir a los
consumidores que compren huevos camperos en vez de huevos de batería va
también desencaminado. Emplear huevos como comida es tan innecesario
como utilizarlos para jugar, hay alternativas ya disponibles que no
provienen de animales. Los activistas que promueven huevos camperos
buscan mitigar el intenso sufrimiento de las gallinas de la industria
del huevo causando un cambio en el número de huevos de jaulas ante el
de gallinas no enjauladas. Sin embargo, apoyar cualquier forma de
explotación especista es contraproducente y moralmente erróneo.
Las
campañas a favor de los huevos que no provienen de jaulas, la "carne
compasiva", u otros alimentos derivados de animales requieren tiempo,
energía y fondos que estarían mejor empleados en la promoción del
veganismo. Incrementar el porcentaje de veganos reduce el número de
gallinas que sufren en la industria del huevo; también debilita a todas
las industrias basadas en la explotación especista. Pedir a la gente
cambiar de huevos de batería a huevos camperos no hace nada de lo
anterior. Marginaliza en cambio al veganismo al implicar que evitar los
huevos es difícil o imposible, demasiado como para esperarlo. Algunos
activistas promueven el veganismo y los alimentos derivados de
animales. Con una mano dan y con la otra quitan. Deberíamos promocionar
sólo el veganismo, siempre.
Además de estar fuera de lugar,
centrarse en los métodos de confinamiento es demasiado estrecho. La
sociedad se ve animada a pensar que el problema son las jaulas, los
cajones o alguna otra práctica de "ganadería". La explotación en sí
misma sigue sin ser cuestionada. Los "bienestaristas" afirman que una
gallina preferiría no estar en una jaula que estar enjaulada. Por
supuesto. Pero una gallina no puede comprender toda la escena. Nosotros
podemos. Una gallina quiere lo que es mejor para sí misma. Queremos lo
que es mejor para todos los animales en el tiempo. Si nos centramos en
un abuso particularmente grave tras otro, estamos caminando sobre una
rueda de molino. No nos acercamos a la emancipación de los no-humanos.
Para conseguir un progreso real, necesitamos afrontar la causa de todos
los abusos: especismo. Promover huevos que no sean de jaula, o
cualquier otro alimento no-vegano, perpetúa el especismo en vez de
combatirlo porque legitima la explotación especista. Toda esa
explotación es abuso.
El apoyo a productos tales como los huevos
camperos, pavos camperos y ternera alimentada con pastos sugiere
falsamente que estos productos no son crueles. La mayoría de la
producción de huevos camperos implica el asesinato masivo de pollos
macho. A las gallinas camperas habitualmente se les amputa el pico, son
intensamente hacinadas, rodeadas de suciedad, se les niega cuidado
veterinario, les dan poco o ningún acceso a los exteriores (los
"exteriores" a menudo no son más que un corral pequeño y embarrado) y
son matadas cuando su puesta de huevos desciende. Incluso en su forma
menos cruel, la esclavitud de la industria alimentaria y la matanza
implica sufrimiento creado por humanos. Las incesantes manipulaciones
genéticas afligen a pollos, pavos, cerdos y otros animales criados por
comida con deformidades que les dejan tullidos y con otras
discapacidades. En varios grados, todos los cautivos de la industria
alimentaria experimentan privación, todos ellos se ven negados de sus
entornos naturales, actividades y relaciones. La cría de animales para
comida es inherentemente cruel.
Muchos no veganos están
dispuestos a creer que los alimentos derivados de animales pueden ser
compasivos. En una encuesta de Zogby America de 1.204 adultos
norteamericanos, el 81% de los participantes indicaron que estarían
dispuestos a pagar más por huevos de gallinas mantenidas bajo mejores
condiciones. Cuando los individuos que se llaman a sí mismos defensores
animales promueven un producto -ya lo etiqueten como "compasivo" o
"humano" o no- gran parte del público concluye que el producto está
prácticamente libre de crueldad. La gente comprensiblemente (pero de
forma errónea) asume "Los defensores de los animales no apoyarían algo
cruel". En un artículo de Julio de 2006 sobre las elecciones
alimentarias, la periodista del Washington Post Candy Sagon escribió
"Nota para PETA: No te preocupes. No podía vivir con la culpa. Terminé
comprando los huevos marrones de gallinas camperas felices." ¿Qué ha
pasado cuando la gente asocia PETA con gallinas explotadas "felices"?
Un artículo titulado "Consumidores de carne sin la culpa" por el
escritor Tamar Haspel, apareció en el Washington Post de Agosto de
2006. "El Ganado" no necesita sufrir, sostiene Haspel. La gente "con
una preocupación por los animales" puede, con la conciencia limpia,
comer los restos de animales que fueron "bien tratados". Gracias al
"porcino campero" la gente "puede tener una alta moral y el corte de
porcino". En realidad, sólo el veganismo es compasivo. Ése es el
mensaje que necesitamos comunicar.
Apoyar cualquier alimento no
vegano niega el principio básico de los derechos animales: los demás
animales no son nuestros para explotarles. La "ganadería" viola los
derechos no-humanos más básicos, sus derechos a la vida y libertad.
"Por supuesto, todavía tienes que matarlos" dice Haspel de los cerdos
criados para matanza. Nada por qué preocuparse. "Incluso el defensor de
los derechos animales de la línea dura, Peter Singer" no lo desaprueba.
Como Haspen indica, Singer aprueba la cría y matanza de animales para
comida si han tenido vidas apacibles y han sido matados rápidamente y
sin dolor. En otras palabras, dar al esclavo una vida feliz, y cuando
quieras, terminar esa vida feliz. Singer cree que la esclavitud y
matanza pueden ser apropiadas para los animales no-humanos. ¿Cuán poco
respeto indica eso? De acuerdo con Singer, la mayoría de animales
-muchos mamíferos y todos los que no son mamíferos- son, como expresa
en su libro Ética Práctica "reemplazables". Ellos "no cumplen los
requisitos para tener derecho a la vida". Esa postura desde luego no
pertenece a los derechos animales. Pero no es extraño que Haspel y
mucha otra gente confunda el "bienestarismo" de Singer con los derechos
animales. Muchos grupos e individuos se llaman a sí mismos de "derechos
animales" incluso cuando recomiendan diferentes métodos de
"alojamiento" y matanza. La antítesis de los derechos animales, la
"ganadería" es profundamente especista y totalmente injusta. Aceptar
(ya sea explícitamente o implícitamente) cualquier explotación
especista impide el movimiento hacia la emancipación de los no-humanos;
socava los esfuerzos para convencer a la gente de que la esclavitud de
los no-humanos es inmoral.
Los "bienestaristas" a menudo acusan
a los defensores de los derechos animales de ser insensibles al
sufrimiento de los no-humanos. Nada podría estar más alejado de la
verdad. Los defensores de los derechos animales comprenden que todos
los cautivos de la industria alimentaria carecen de un bienestar
genuino. Los animales son considerados como dispensadores de huevos,
leche o carne y son tratados acordemente -como cosas, no como personas.
Con el "bienestarismo" el sufrimiento sigue y sigue y continúa
incrementando. Necesitamos hablar y actuar en modos que demuestren y
exijan total respeto por los animales no-humanos. Sólo tal respeto
puede reducir de forma máxima, y terminar finalmente, el sufrimiento
masivo.
Joan Dunayer es autora de Animal Equality: Language and Liberation (2001) y Speciesism (2004).
NOTA:
La publicación de este artículo no implica que Igualdad Animal comparta
necesariamente todas y cada una de las cuestiones expresadas por la
autora en el mismo; sin embargo, consideramos interesante su
publicación por la aportación que puede hacer a la causa de la igualdad
animal.
Tags: derivados animales, abuso, igualdad animal