Andy Stepanian es otro de los activistas encarcelados de lo que se
ha venido a llamar el SHAC 7, es decir, el grupo de personas que han
sido enviadas a prisión por llevar adelante la campaña contra los
laboratorios de experimentación animal Huntingdon Life Sciences. Tratar
de frenar las torturas a las que HLS condena a los animales en los que
experimenta es lo que le ha llevado a Andy y a sus compañerxs a ser
condenados. Queridxs amigxs,
En mi rutina diaria
noto la diferencia entre pisar tierra o pisar pavimento. Me he
acostumbrado al pavimento debido a las continuas vueltas en círculos
que doy entre los muros de esta prisión mientras escucho la radio. Hay
mucho que decir sobre el encarcelamiento; sobre como puede sacar a
flote lo peor de las personas, o ejemplificar radicalmente como las
personas, como humanos, somos animales de costumbres. Cada vez que
ocurre algo que se sale de la rutina aquí dentro, se acentúa mucho mas
que ahí fuera. Cosas que en la calle pueden parecer totalmente normales
aquí adquieren un carácter extraordinario. Rozar la hierba con mis
pies, aunque sea con los calcetines puestos, se convierte en algo
profundo cuando pasas la mayoría de tu tiempo en un océano de cemento y
barrotes de acero. Me he convertido en alguien hipersensibilizado no
solo con la sensación, si no también con el sonido que producen mis
calcetines al rozar con la hierba, con los distintos tipos de hierbas y
con la vegetación colgante de las grietas. He desarrollado un buen ojo
para distinguir los envoltorios de caramelo que hay entre la hierba,
incluso aquellos que son claritos y difíciles de reconocer; pero en el
proceso de desarrollo de ese buen ojo no he podido dejar de fijarme en
las maravillas que me encontraba allí por donde pisaba: mariquitas,
flores de lavanda, hojas desprendidas en alguna racha fuerte de
viento... Si habéis leído algún otro de mis escritos desde prisión
habréis notado que hay un tema recurrente, lo maravilloso que es el
mundo, y cómo el confinamiento y la privación de libertad y
experiencias me han hecho desear mas y mas luchar por la vida, y desear
experimentarla al máximo. Hasta ahora solo os he dado unas cuantas
letras, hoy espero daros algo mas.
Hay hojas que han volado
desde el exterior, por encima de los muros de la prisión y que ahora
están aquí, sobre los caminos y la hierba que piso. Como cada suceso
extraordinario que ocurre aquí, el que estas hojas hayan podido burlar
los cercos de seguridad, y el alambre de espino, tiene mucho mas valor
de lo que fuera podría parecer. Tened en cuenta que la cárcel es un
centro de privación sensorial; un centro en el mantener en cuarentena
para aquellos considerados socialmente inadaptados en el que
mantenerles privados de movimiento, enriquecimiento y experiencias. Si
contemplamos la vida como una sucesión de experiencias, entonces
podríamos considerar la cárcel como una negación de la vida. Jack Abbot
dijo en una ocasión, “la cárcel es como la muerte, porque te niega tus
experiencias”. Si esta afirmación es cierta solo puedo decir que la
negación de la vida a la que se me ha sometido ha hecho que la vea como
un espectador ve un cuadro, una obre de arte, o mejor aun, como una
enorme obra de teatro en la que cada uno interpretamos nuestro papel.
Cogí una de aquellas hojas en mi mano y la miré atentamente. Cada vena,
cada puntito, cada ramita, cada rugosidad hubo un tiempo en que
intercambió estomas de oxígeno para el dióxido de carbono; había tantas
cosas que podía ver con mis ojos, y tantas otras que solo podía
alcanzar a ver con “los ojos de mi mente”... Los sentimientos, unos
misterios aun sin resolver, y la brillantez se ven envueltos en un
pedacito del follaje de Carolina Beech.
La brillantez de algo
tan delicado, algo que muchas veces es considerado como infinitesimal
(si es que se le considera de alguna manera...) y que sin embargo puede
jugar un papel decisivo en darle vida a un árbol fuerte y erguido
firmemente, algo que actúa como una interfaz entre el árbol y la
digestión de la compleja radiación de los rayos del sol, convirtiendo
esto, junto con el carbono y el agua, en azúcares y energía para hacer
crecer al árbol, o para dar frutos que crecerán y caerán a las manos de
algún niño, o se convertirán en la mermelada que alguna chica joven
verterá sobre sus trozos de pan mientras desayuna y charla animadamente
con sus padres. Algo que podría haber sido aplastado por algún
transeúnte y que sin embargo traspasó estos muros y está ahora en mis
manos. Era una premonición de que los milagros existen. “Cometas” es
como llaman aquí a las notas que se pasan de una prisión a otra. Esta
hoja era una “cometa” que voló desde la vida hasta la tierra de la
muerte, y que dice:
Soy un pequeño milagro.
Hice un árbol al que la gente trepó,
Donde un mapache construyó su hogar,
Donde los pájaros se apoyaron en sus ramas para cantar sin descanso
Sinfonías.
Soy un pequeño milagro.
Y tu, ¿qué eres?
Deposité
de nuevo la hoja con el cuidado del padre que deja en la cama por
primera vez a su hijo. Me pregunté si alguna vez había estado delante
de un “milagro” anteriormente. ¿Cuántas veces había oído esa frase de
“podemos hacerlo, pero vamos a necesitar un pequeño milagro”?. Bien,
pues aquí estaba el pequeño milagro que necesitábamos para conseguir el
éxito en otro proyecto antes de abandonarlo y creer que ya no había
esperanzas.
Pregúntate a ti mismx si crees en los milagros. Una
vez lo hayas hecho mira tus muñecas y fíjate en la silueta de las venas
que hay bajo tu piel. Eres una serie de estructuras y química,
automatizadas, vivientes e interactivas. Eres arte, quizá el mas bello
lienzo que se haya pintado jamás. Nuestras sociedades son como el
teatro, un arte participativo en el que todxs estamos involucradxs;
cada ser individual cantando en un gigante coro, como una familia de
pájaros en la rama de un enorme árbol. Eres un milagro. Ejerces un
increíble poder para crear y curar, para dar oxígeno y alimentar de
vida, como las hojas, a estructuras que se debilitan y mueren de
hambre. Vuestras cartas son como esas hojas que volaron hasta el
interior de la cárcel, ya que también me dieron ánimo. Son siluetas
dibujadas en tinta de vosotrxs mismxs.
Mi vida aquí dentro, como
ya he comentado, es un mar de asfalto, vallas electrificadas y alambres
de espino que me roban mi capacidad sensorial. La vuestra, sin embargo,
es un paraíso artificial de luces de neón que distrae vuestra atención
con anuncios del tipo “aun no eres lo suficientemente delgadx”, “ni
suficientemente ricx”, “no eres nada si no compras este producto”,...
La liberación personal llega cuando te deshaces de esas distracciones
artificiales y te das cuenta de que tu eres bellx seas como seas, que
el dinero no es lo que te enriquece, que las comodidades no te definen,
y que sin duda eres un milagro. Cuando te ves a ti mismx como un
milagro, los milagros comienzan a sucederse a tu alrededor. Los
proyectos que una vez dejaste de lado por no encontrar ese pequeño
milagro que podría haber hecho que se convirtiesen en realidad. Digo
esto porque en mi vida he hecho cosas que algunxs considerarían
imposibles. El caso del SHAC Estados Unidos nos demostró que la América
corporativa estaba devastada por saber que un grupo de personas
decididas podía usar los mismos recursos protegidos por la constitución
que ellos utilizaban para desbaratar sus planes. Pensaban que era
imposible y les impresionó cuando vieron que se hacía realidad. Muchas
de las personas que apoyaban la campaña SHAC también lo vieron al
principio como algo imposible, algo que necesitaría de un milagro, pero
los milagros ocurren. Para el visón que espera ansioso que alguien le
saque de su jaula, para la gallina ponedora de huevos enclaustrada en
una granja de jaulas en batería, para el perro Beagle que se tumba,
dentro de su cubículo, encima de su propia sangre y sus vómitos, la
persona que abre sus jaulas y le lleva hacia la libertad es un
auténtico milagro.
Como reflejo desde prisión, me doy cuenta que
esto era solo la punta del iceberg. La inspiración es contagiosa. Así
que, mientras me siento aquí, escribo y guardo algunas hojas entre mi
cuaderno, trato de reconducir este proceso, de sacar algo de vida fuera
de estos muros, llevarla hasta vuestras manos y demostraros que no
estoy muerto... Dejadme que os diga algo: creo en los milagros, porque
veo uno en vosotrxs. No hay montaña lo suficientemente alta, ni valle
suficientemente hondo. No hay nada que no podáis hacer.
Amor y liberación,
Andy
Escribe a Andy:
Andrew Lloyd Stepanian 26399-050
USP Marion
US Penitentiary
PO Box 1000
Marion, IL 62959
www.shac7.comhttp://www.myspace.com/andystepanianTags: Andy Stepanian, comunicado