
Jeffrey Luers, 2 Agosto del 2008. Comunicado desde prisión.
Son
las diez de la mañana de un sábado. Si no estuviese en la cárcel esta
sería una mañana de sábado corriente, en la que estaría bebiendo café y
escribiendo un poco.
No estoy seguro de cuando empecé a pensar
en mi mismo como escritor. Aunque ciertamente no es algo con lo que me
sienta identificado, no me considero un “autor” ni un periodista o
encuentro ninguna afinidad con las profesiones relacionadas con la
escritura. Simplemente pienso en mi mismo como alguien que escribe.
Es
mi tipo de arte. No es bonito, ni genial, pero cuando escribo puedo
canalizar las emociones salvajes que hay dentro de mi alma. Las doy
vida. A veces dejo que escapen. Algo similar a lo que debe ser escribir
una noticia, algo que no he hecho nunca.
Estos comunicados, sea
como sea, sirven como una crónica de mi vida en la cárcel. Las
emociones ardientes, las apasionadas comparecencias, la tristeza, la
alegría y el dolor de corazón.
A lo largo de los años estos
escritos han servido como una ventana abierta a mi vida. No comencé a
escribirlos con esa intención. Empecé a escribirlos como una manera de
demostrarle al mundo y a mi mismo que ninguna celda podría acabar con
mi espíritu. De cualquier manera, se han convertido en algo mucho mayor.
Mediante
estos comunicados, quienes los leéis podéis obtener una pequeña
aproximación a lo que es ser un preso político. No la “fama de héroe”
que tan a menudo acompaña a aquellxs de nosotrxs que estamos
encarcelados por practicar la acción directa, si no el sentimiento
amargo que conlleva estar encerrado por un acto de protesta
El
sacrificio por un principio. Por esta noble causa que crece
exponencialmente cada año. Si alguien me hubiese preguntado a los 21
años cómo pensaba que iba a ser la cárcel mi respuesta hubiese sido
penosamente pobre.
Por supuesto, conforme aumenta la dureza
también aumenta la fuerza y la determinación: el deseo de llegar al
final de todo esto. Mi corazón se rompe una y otra vez, una y otra vez,
pero mantengo la cabeza alta y mis fuerzas siempre están altas.
¿Es
esto lo que significa ser un héroe?, según algunos, supongo que sí.
Pero personalmente creo que simplemente tiene que ver con que soy un
cabezota incorregible.
He pasado años enteros soñando con mi
liberación. Años. Todavía no me puedo creer el estar haciendo planes
para cuando salga de aquí, pero los estoy haciendo. Hace poco una amiga
lo puso en una perspectiva muy real. Me contó que estaba echando un ojo
a su calendario y se dio cuenta de que iba a salir en muy poco tiempo.
Tan solo 16 meses y 13 días a partir de hoy (pero, ¿quién se va a poner
a contar?).
Años de soñar despierto están a punto de ver esos
sueños hechos realidad. Bueno, no es así exactamente. Eso es lo malo de
los sueños, nunca se hacen realidad en la manera que imaginamos.
Se
hace difícil cuando los sueños no están a la altura. Nos ocurre a
todxs. Es la naturaleza de los sueños, supongo. Aun así, es muy cruel
cuando años de esperanza se deshacen. Es verdad que a veces caigo en el
romanticismo con el que muchas veces me meto, pero no puedo hacer nada
por evitarlo, soy un romántico sin esperanza.
En mi sueño
siempre está ella esperando en la puerta de salida. Es un momento
melancólico pero alegre. Simplemente, es ella. Además, no soy de los
que les gustan las multitudes y no estoy interesado en un recibimiento
del tipo “aquí llega el héroe”. Solo quiero ir a casa con ella.
No
es el típico sueño que se tiene del momento de salir de prisión. No hay
un motel cutre en el que nos acostamos. No tiene nada que ver con el
sexo, si no con el corazón. Solo quiero que esté allí.
Lo cierto
es que mentiría si dijese que siempre ha sido el mismo sueño, o las
mismas mujeres sus protagonistas. Tristemente, no soy ningún
desconocedor del desamor y me han dejado unas cuantas veces.
Pero
este sueño era único (los otros eran en los que salían moteles cutres).
En este sueño solo aparecía una mujer. Es la mujer con la que llevo
imaginando ir a su casa durante tres años.La conozco desde hace nueve
años, aunque no todos han sido buenos. Ha habido épocas en las que no
me gustaba (momentos de los que ahora me arrepiento y por los que me ha
hecho arrepentirme también)
De cualquier manera, los Buenos
tiempos fueron muy buenos. La manera en que jugábamos, la sonrisa que
se reservaba solo para mí, el gesto tierno y pacífico que tenía cuando
dormía entre mis brazos… Y como idealizábamos la sala de visitas de la
cárcel. Cuando tu vida se reduce a una sala de visitas, así es como ves
esa sala.
Aun así, algunos sueños simplemente no pueden hacerse
realidad y aunque lo intentes con todas tus fuerzas se acaban escapando
de tus manos. A veces, por difícil que parezca, solo puedes aceptar que
se vayan y esperar lo mejor. No me gustan para nada ese tipo de
situaciones, pero las comprendo.
Ya os habréis dado cuenta de
que no estoy escribiendo todo esto para vosotrxs, si no para ella.Es un
cliché y lo sé, como el músico que escribe sobre su corazón partido en
dos. Espero que me perdonéis por esta licencia que me he tomado. Algo
me dice que hay un romántico sin esperanza dentro de cada unx de
nosotrxs, y que no solo mis amigxs entenderán esto que escribo.
Hay
cosas que deberían ser inmortalizadas. Especialmente aquellos momentos
que nos convierten en mejores personas. Esta experiencia, compartida
con ella durante estos años, ha sido uno de esos momentos.
Así
que, mis queridxs amigxs, mientras nuestros caminos parecen separarse
aquí, espero el momento en que vuelvan a juntarnos. Gracias por
compartir esta parte del viaje conmigo
- Jeffrey Free Luers
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