Popularmente es bien conocido que los seres humanos distinguimos cuatro
sabores básicos: amargo, salado, agrio y dulce. A este tradicional
cuarteto se sumaba, a comienzos del siglo pasado, un inesperado quinto
sabor, más difícil de describir y de identificar. El umami, como lo
bautizó su descubridor Kikunae Ikeda a principios del siglo pasado, aún
sigue siendo para muchos un gran desconocido.
¿Sabría usted describir a qué saben una sopa de algas marinas o la
salsa de soja? La tarea no es fácil, como han podido comprobar los
investigadores del gusto. En paralelo al incremento de popularidad
experimentado por la cocina asiática en todo el mundo, la ciencia se ha
visto también impregnada de aromas orientales al incluir en la lista de
sabores esenciales - amargo, salado, dulce y agrio - un quinto
elemento: el umami. Aunque su aceptación como sabor básico ha sido
reciente, su descubrimiento se remonta a comienzos del siglo XX, cuando
fue identificado por el investigador japonés Kikunae Ikeda. Ikeda,
atraído por el sabor de las algas marinas de las que había disfrutado
en la mesa, logró aislar la molécula responsable en 1908, demostrando
que el secreto de su particular sabor era un aminoácido, el glutamato
monosódico . Más tarde se comprobaba que la percepción del umami se
veía muy aumentada cuando, además del aminoácido, había otra sustancia
química en el alimento ingerido, un nucleótido llamado IMP.
Percibir el sabor umami es, para quienes no lo conocen, casi tan
difícil como describirlo. "Un paladar atento, - explicaba Ikeda en el
8º Congreso Internacional de Química Aplicada de 1912 - detectará un
rasgo común en el sabor de espárragos, tomates, quesos o carnes, un
matiz bastante peculiar y que no puede ser encasillado dentro de
ninguno de los 4 sabores clásicos". El descubridor del umami advertía
también que, con frecuencia, la existencia de este sabor podía verse
eclipsada por otros más fuertes y pasar totalmente desapercibida.
Para gustos ... receptores
A principios del año 2000 la revista Nature Neuroscience publicaba el
hallazgo de un receptor gustativo específico para el glutamato
monosódico y otroas similares, que fue aceptado como la prueba
definitiva de que el umami es, sin lugar a dudas, un sabor básico. El
receptor ( mGluR4) fue hallado en la lengua de roedores, en los que se
había observado una percepción del gusto muy similar a la de los seres
humanos.
Ahora un equipo de científicos norteamericanos ha identificado un nuevo
receptor gustativo que responde a los aminoácidos, y que podría estar
implicado en la percepción de ese quinto sabor. El receptor de los
aminoácidos, cuya estructura se daba a conocer el pasado mes en la
revista Nature, forma parte de una familia de receptores ya conocida
por los investigadores: los T1Rs . En concreto, el T1R2 y el T1R3
habían sido identificados hace tan sólo unos años como los componentes
del receptor del sabor dulce.
Esta vez ha sido otra combinación, la de las moléculas T1R1 y T1R3, la
identificada como receptor gustativo de los aminoácidos en mamíferos.
El investigador Charles S. Zuker, junto a un equipo de científicos
norteamericanos y canadienses, ha demostrado que el T1R1+3 funciona
como un sensor que detecta casi una veintena de aminoácidos esenciales
en la forma en que se encuentran normalmente en la Naturaleza.
Se ha comprobado así que existe una estrecha relación de parentesco
entre el receptor de los sabores dulces y el receptor gustativo de los
aminoácidos, que tienen en común al receptor T1R3. Además, los
científicos comprobaron que los nucleótidos, y en concreto la IMP,
aumentan la respuesta de los receptores de aminoácidos, confirmando su
implicación en la percepción del sabor umami. "Esperamos que estudios
posteriores determinen si T1R1+3 es el principal receptor umami o sólo
un receptor adicional", comentaban los investigadores.
La sabiduría del paladar
Los aminoácidos funcionan como piezas básicas para la fabricación de
proteínas, como precursores biosintéticos de multitud de pequeñas
moléculas y como combustibles metabólicos para el motor de nuestro
organismo. "Dado que los aminoácidos son los ladrillos esenciales con
los que se fabrican moléculas tan importantes biológicamente como las
proteínas, podría existir una razón evolutiva para la presencia de una
vía gustativa exclusiva que haga a los aminoácidos atractivos para su
consumo", explica el profesor Zuker.
Esta "sabiduría" del paladar no es una idea totalmente nueva. Son
muchos los estudios realizados hasta ahora que demuestran cómo las
necesidades metabólicas de los tejidos en cuanto a determinadas
sustancias nutritivas influyen en la selección de los alimentos . Esto
hace que las preferencias gustativas de un individuo puedan llegar a
cambiar de acuerdo con los requerimientos de su organismo en
situaciones diferentes.
Aunque una persona puede llegar a percibir cientos de sabores
distintos, todos ellos son en realidad combinaciones de los cinco
sabores básicos - ácido, salado, dulce, amargo y umami -, del mismo
modo que los colores que vemos no son sino combinaciones de los tres
colores primarios. Cada uno de los sabores básicos responde a un
determinado tipo de sustancia química, como hemos visto en el caso del
umami y ciertos aminoácidos. El sabor agrio, por ejemplo, está generado
por iones de hidrógeno, mientras que el sabor salado se debe a sales
iones de sodio. El sabor dulce es producido por diferentes compuestos
orgánicos - azúcares, aldehídos, alcoholes, cetonas,... - que tienen en
común su actuación como fuentes de energía, lo que los hace
fundamentales para el funcionamiento del organismo. Esto explica, para
muchos investigadores, que el propio organismo reclame alimentos dulces
en situaciones en las que peligra el suministro energético.
También las sustancias responsables del sabor amargo son,
principalmente, compuestos orgánicos. Sin embargo, a diferencia de las
anteriores, se trata mayoritariamente de moléculas con nitrógeno y de
alcaloides, componentes característicos de fármacos, plantas venenosas
y sustancias tóxicas. Cuando el sabor amargo se presenta con gran
intensidad, puede provocar el rechazo a la comida e, incluso, el
vómito. Los científicos atribuyen esta reacción a una función
defensiva, dado que la existencia de una vía gustativa exclusiva para
este tipo de sabores ayudar a la supervivencia de una especie.
El nuevo trabajo y el descubrimiento de receptores para aminoácidos,
vinculados al sabor umami, podría ayudar a explicar como ciertos
mamíferos, el ser humano entre ellos, regulan la ingesta de alimentos
ricos en aminoácidos para lograr una dieta equilibrada. Aunque aún
queda mucho por estudiar, parece cuanto menos sugerente el hecho que,
en diversos experimentos con animales, se haya observado que mientras
carnívoros y omnívoros responden positivamente al sabor umami, los
herbívoros permanecen indiferentes llegando, incluso, a rechazar este
sabor.
En la variedad está el gusto
A la vista de los resultados de las últimas investigaciones, uno de los
aspectos más llamativos es el hecho de que, pese a compartir su
receptor, no todos los aminoácidos resultan iguales al paladar. Algunos
presentan un sabor atractivo y dulce, otros son neutros, y otros
resultan amargos y desagradables para el ser humano. Además, sólo unos
pocos aminoácidos evocan la sensación característica del sabor umami.
Todo ello apunta a que el sentido del gusto posee una estructura
compleja en la que interaccionan los diferentes sabores y receptores.
El interés por el "nuevo" sabor no se ha limitado al ámbito científico.
La industria alimentaria ha empezado ya a considerar las enormes
posibilidades del umami. También en el ámbito de la gastronomía y la
enología la palabra japonesa ha empezado a introducirse en la jerga de
los expertos. Y no les faltan razones, especialmente si tenemos en
cuenta el efecto potenciador del sabor que tiene el umami. Aunque el
glutamato monosódico por sí sólo no es especialmente placentero,
consumido en dosis adecuadas puede, según afirman quienes las conocen,
dar el toque que convierte un plato corriente en "delicioso".
Las miradas de quienes persiguen aplicaciones comerciales del umami
siguen puestas en la investigación de los próximos años, que deberá
precisar los mecanismos del sentido del gusto. El reciente
descubrimiento del receptor gustativo de los aminoácidos tendrá
importantes implicaciones para la comprensión de la maquinaria
gustativa. "Cuando Nick Ryba y yo comenzamos esta colaboración, hace
poco más de cuatro años, nuestro objetivo principal era entender cómo
el cerebro reconoce lo que se saborea", recuerda Zuker. "Deseábamos
explicar cómo se activan las células receptoras del gusto y cómo viajan
sus señales al cerebro para producir percepciones gustativas
específicas". Para eso era preciso comenzar definiendo las distintas
modalidades de gusto a nivel de las células, de las unidades
receptores, para poder después seguir sus "caminos" de conexión con el
cerebro.
"Ahora que conocemos a los receptores que subyacen a las tres
modalidades, podemos comenzar a trabajar en nuestra meta inicial:
trazar un mapa de todo el sistema para comprender cómo se codifica el
sentido del gusto", anuncia Zuker. Un sentido sobre el que pronto, en
contra de lo que dice el refrán, habrá mucho escrito.
Autor: Elena Sanz | 2002
Ciencia Digital, Copyleft 2006 · Permitida reproducción citando al
autor y la fuente, e incluyendo enlace · Diseño y desarrollo: Ciencia
Digital
http://www.cienciadigital.es/hemerot...rtaje.php?id=9Tags: umami