Y ahora el "Toro de Júbilo" (¿júbilo?) en Medinaceli.
Se piensan montar autocares desde Barcelona y probablemente Madrid para
asistir a la doble protesta en Medinaceli y Soria capital.
Será para el día
9 de noviembre, ida y vuelta en el mismo día.
En breve os daremos más detalles sobre precios y horarios, a fin de que
podáis empezar a reservar plaza en el autocar. Os necesitamos.
Convoca: PACMA-Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal
http://www.pacma.es/
Adhesiones: Amnistía Animal de Zaragoza, Asociación Animalista Libera!,
AVAT "Asociación Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia", Cacma
"Colectivo Andaluz Contra el Maltrato Animal", Proyecto Gran Simio
"PGS".
TORO JÚBILO DE MEDINACELI, PRÓXIMA CITA CON LA CRUELDAD
Cuando todavía no habrá terminado de descomponerse el cuerpo de
Valentón, el toro “asesinado” legalmente en Tordesillas el pasado 16 de
Septiembre, nos encontramos a poco más de un mes para que otro astado
sea torturado y sacrificado también en nombre de un rito ancestral,
también como parte indispensable de unos festejos populares que parecen
no concebirse si no hay maltrato animal de por medio, también amparado
por la parafernalia de una Organización, llámese Asociación de Amigos
–menuda ironía: “amigos”- o Patronato, creada y mantenida para dar
apariencia de cultura y legitimidad moral a otro acto cruel y salvaje,
a una nueva muestra de la ignorancia falsamente maquillada de
erudición, de la vergüenza al servicio de la diversión de unos seres
rudos y violentos, de la tortura como práctica consentida y transmitida
como si gozase de un valor pedagógico, social o ilustrativo.
El fin de semana del 14 de Noviembre se celebrará en Medinaceli (Soria)
una nueva edición del llamado Toro Júbilo. Cambia el toro con respecto
al mentado Alanceado de Tordesillas, las lanzas se sustituyen en esta
ocasión por fuego pero lo que es inmutable, lo que no varía en ninguno
de los casos, como tampoco lo hace en el del Toro de Coria y en otros
ejemplos nauseabundos de castigo físico a los animales, es el público
que disfruta con ello y aquellos que lo promueven y defienden. Porque
en todas las ocasiones, sean tordesillanos, corianos, ocelitanos o de
cualquier rincón de España, tienen un denominador común que lejos de
diferenciarlos como personas los identifica como horda: su pasión por
el sufrimiento ajeno y su incapacidad para comprender la bajeza de
tales actos y admitir lo innecesario de los mismos.
Luego vendrán las susceptibilidades de los de siempre, los que
prefieren enarbolar armas en vez de palabras y algunos dirán que estoy
insultando a todo un Pueblo. No es así; ni todos sus vecinos son
seguidores de estas costumbres repugnantes ni el nacer o criarse en
esas localidades implica la participación o defensa de las mismas,
aunque exista un miedo más que justificado a expresarse en contra entre
los que allí viven. A quienes estoy calificando de seres violentos,
brutales, feroces y con un profundo analfabetismo ético es a los que
habiendo nacido donde sea o viviendo en donde se quiera, están a favor
de la continuidad de estas tradiciones bárbaras y se oponen a su
prohibición alegando razones que en ningún caso soportan el menor
análisis realizado desde la razón, la inteligencia y la sensibilidad,
tres cuestiones necesarias y exigibles sobre todo en conductas que
afectan a terceros, pero que en estos casos son enterradas bajo la
bestialidad, el primitivismo y el egoísmo, ahogadas en infinidad de
alcohol, silenciadas con los gritos de la turba y linchadas junto con
el toro que asiste “invitado” por sus “amigos” de la Asociación que
lleva su nombre, como víctima forzosa de un espectáculo en el que
padecerá y morirá sólo por satisfacer los más bajos instintos de esa
caterva desquiciada.
Los “estudiosos” del asunto en su Página sobre el Toro Júbilo de
Medinaceli nos hablan de que se trata de una “Ofrenda Jubilar, de pura
tradición religiosa y simbólica…”. ¿Tiene la Iglesia algo que decir al
respecto o con su silencio aprobará, como en otras tantas ocasiones, el
crimen cometido también en su nombre?. Añaden en su verborrea valedora
del festejo, que “el Toro es el dios que se inmola o es inmolado por el
hombre. Tras ser sacrificado y comido transmitirá a quien lo ingiera
todas las propiedades que a él se le atribuyen: poder sexual
(fertilidad) , fuerza en los enfrentamientos y el ser invencibles…”. Si
alguien se lee las razones con las que tratan de sustentar el Toro de
Coria o el Toro de la Vega, verá como los argumentos sobre la necesidad
del ritual son tan similares entre si como aberrantes en todos los
casos. Siempre se entremezclan religión, ritos, ofrendas, sexo,
virilidad, batallas y todo ello en una amalgama tan trasnochada como
absurda, tan monstruosa como innecesaria, tan machista como dolorosa,
tan reaccionaria como atroz.
Según la Asociación se nombra a un comisionado para que encuentre a un
ejemplar basándose sobre todo en su fortaleza y alegría. Primer gesto
de asombro, aquellos que juzgan al toro un ser irracional que no es
merecedor de la menor consideración ni de un trato digno, “humanizan”
su condición buscando un animal “dichoso y entusiasmado” , lástima que
no extiendan la apreciación de su indudable capacidad para sentir al
instante en el que comienza su suplicio. Después y siempre según esta
siniestra hermandad, “los mozos inmovilizan al toro para evitar
movimientos bruscos de la res… y así se coloca la almohadilla en la
testuz, sobre ella una astilla de madera de unos 40 cms. y encima la
gamella, que son unas astas de hierro sobre una plataforma del mismo
material, provistas de unas crucetas. Al fin en los extremos de la
gamella van colocadas las bolas, formadas a base estopa basta para que
se origine una perfecta combustión, sujetando cada capa con alambre e
impregnado con pez, resina y aguarrás puro…”.
Pero la realidad es la siguiente: los “valientes” participantes lo
sacan tirando con gran violencia de una cuerda amarrada al animal y lo
arrastran hasta un grueso palo clavado en el suelo, allí le atan
fuertemente la cabeza, le sujetan las patas y le tiran del rabo para
que no pueda moverse mientras le encajan la gamella a golpes. Es
habitual que durante esta primera fase de la tortura el toro sufra
hemorragias por la boca y la nariz, como atestiguan las imágenes
obtenidas.
Volviendo al “inocente y casi edificante” relato de los hechos por
parte de la Asociación, “se cubre pacientemente todo el cuerpo del
animal con una capa de arcilla roja mezclada con agua, para evitar que
los trozos de pez que se desprenden de las bolas le hieran…”. Esa es la
ficción que algunos quieren convertir en dogma de fe, pero lo cierto es
que prenden fuego a las bolas y el animal se convulsiona y muge
aterrorizado por esas llamas fijadas a su cabeza; de ellas cae líquido
al rojo vivo y trozos incandescentes de las bolas, provocándole
quemaduras a pesar del supuesto “ungüento” preventivo de los
organizadores, porque no cubre todas las zonas y muchas veces es
traspasado por los rescoldos. Y por supuesto, la nariz, la boca y los
ojos del animal no están protegidos, por lo que son partes afectadas
por las quemaduras causando al toro un dolor espantoso.
La agonía del animal dura lo mismo que la algarabía y frenesí de los
participantes, alrededor de una hora. Unos minutos que a ellos se les
antojan cortos y que para el animal son una interminable sucesión de
dolor, miedo, estrés, nerviosismo y huida imposible de aquello que le
amenaza y provoca sufrimiento, el fuego que lleva unido a sus cuernos,
una pesadilla real de la que no puede librarse y que le persigue a
todos los rincones en su patética e inútil escapatoria.
Una vez terminada la canallada al toro, con las bolas apagadas y según
los Amigos del Toro Júbilo: “se recoge al animal para que despojándole
de lo que sirvió para el rito, se tranquilice y descanse…”. Y de nuevo
la realidad: con la criatura exhausta, aterrorizada, quemada y
dolorida, se pone fin a tal infamia sacrificándolo sin presencia de
público; descanso sí, pero eterno.
Así finaliza el Toro Júbilo, con la última hora de vida del toro
plagada de sufrimiento, con su muerte estúpida, felices unos pocos
esperando la próxima edición, indignados y asqueados los más no
comprendiendo cómo puede estar permitido algo tan dantesco. Y la
historia se repite, con otro toro, en otro pueblo, en otra fecha, pero
siempre lo mismo: una tradición sangrienta y violenta escudada en
palabrería falaz y argumentos hediondos que podrían ser válidos para
una sociedad embrutecida en su mayor parte hace muchos siglos pero que
hoy sobrecoge y repugna que puedan tener alguna vigencia y convertirse
en razón de ser para la sinrazón.
Tags: toro jubilo, soria, protesta, medinaceli